jueves, 25 de agosto de 2011

¿Se puede tener un cáncer de mama si ha habido un caso en un familiar cercano (madres, tía o hermana)?



Hoy por hoy no existe respuesta a la pregunta, planteada de esta forma. Hay que tener  en cuenta que los tumores de mama pueden ser de muchas clases,
en unos  casos benignos y en otros malignos. Los tumores benignos de mama están constituidos por células similares a las que forman los tejidos normales de la mama. Su crecimiento suele ser lento y localizado, sin que la proliferación de células se extienda hacia tejidos próximos o hacia otros órganos. Los tumores malignos, en cambio, están constituidos por células cancerosas que tienden a infiltrarse en los tejidos próximos y pueden propagarse a través de los ganglios o la sangre hacia otros órganos dando lugar a complicaciones mortales si no realiza un diagnóstico y un tratamiento precozmente. Durante las primeras fases de la evolución, el cáncer de mama no origina molestia alguna y la única manifestación que se presenta es la formación de una pequeña masa en el interior de la mama. Cuando su tamaño es algo mayor o su localización es muy superficial puede percibirse si se palpa la mama. Sin embargo, estos pequeños bultos no pueden diferenciarse de otros tipos de masas mamarias. En fases más avanzadas pueden aparecer algunas alteraciones en la superficie de la mama (la piel adquiere el aspecto de "piel de naranja"), una retracción del pezón o una alteración del aspecto de la zona circundante  o la aparición de secreciones sanguinolentas o lechosas. La aparición de estas alteraciones o el eventual cambio en la forma o tamaño de la mama deberá ponerse rápidamente en conocimiento del médico. No es conveniente, sin embargo, alarmarse innecesariamente, ya que algunos de estos síntomas pueden presentarse en otros procesos benignos como la mastitis o la enfermedad fibroquística de la mama. Cuanto más precozmente se establezca el diagnóstico de un tumor mamario, más posibilidades de éxito del tratamiento existen.
El mejor tratamiento existente es la prevención y para ello toda mujer adulta debería someterse a revisiones ginecológicas periódicas aunque no presente ningún tipo de molestias. A partir de los 40 años es conveniente realizar un control anual y una mamografía cada 2 o 3 años. La autoexploración de la mama debe practicarse sistemáticamente  en el intervalo entre las revisiones. El examen meticuloso permite detectar el 90% de los tumores en las primeras fases de desarrollo. Su realización es muy simple, pero requiere una cierta técnica (consultar con el ginecólogo).
            No deben olvidarse las siguientes medidas de carácter general:
- eliminar el tabaco cuanto antes
- moderar el consumo de alcohol
- consumir diariamente frutas, verduras y cereales con alto contenido en fibra
- evitar el sobrepeso, la ingesta excesiva de grasas y realizar ejercicio físico
- evitar la exposición excesiva al sol y las quemaduras solares
. evitar la exposición a sustancias reconocidamente cancerígenas
- advertir al médico de una inflamación o úlcera persistente, así como de cualquier cambio en un lunar (tamaño, forma, color), de una hemorragia anormal  o de tos o ronquera persistente.
            Hay que poner el acento en los aspectos positivos y recordar que el 95% de las mujeres tratadas por un tumor de diámetro inferior a 1 cm que no haya afectado a los ganglios linfáticos sobrevive bastantes años.