miércoles, 13 de abril de 2011

ESTREÑIMIENTO Y EMBARAZO

 


            Para abordar este trastorno es prioritario entender que se considera estreñimiento las deposiciones poco frecuentes (la normalidad oscila entre 3 diarias y 3 semanales), con disminución del volumen y el peso de las heces (<50 g/día), que requieren un mayor esfuerzo para su evacuación y que dejan la sensación de una evacuación incompleta. Esta precisión resulta absolutamente necesaria ya que el concepto de estreñimiento entre la población es socialmente variable y personalmente subjetivo. Puede llegar a afectar a un 20% de las mujeres en edad fértil. Un estreñimiento previo al embarazo puede agravarse durante el mismo independientemente de su etiología. El estreñimiento durante el embarazo se cifra en un  30-40% de las mujeres, especialmente en el tercer trimestre. Atendiendo exclusivamente a las alteraciones propias del embarazo, pueden establecerse dos categorías clínicas de estreñimiento:
a)      por dificultad en el llenado del recto, como consecuencia de la ralentización del tránsito intestinal y el aumento de la absorción de agua;
b)      dificultad de vaciado del recto, generalmente como consecuencia de una evacuación dolorosa (hemorroides, fisura anal).
El estreñimiento suele acompañarse de una rica sintomatología gastrointestinal (flatulencia, digestiones pesadas, lengua saburral, dolor abdominal, hemorroides, fisura anal) y de trastornos psíquicos (cefaleas, ansiedad, hipocondría).
            Además de estos factores, es conveniente tener en cuenta la alimentación, los tratamientos farmacológicos, la actividad física y el estilo de vida. Entre los hábitos dietéticos a modificar prevalece el aumento del contenido de fibra de la dieta (nunca inferior a 30 g/día) y de la ingesta líquida.