jueves, 28 de abril de 2011

Cómo proteger la piel en verano

En los últimos diez años, los casos de personas con piel sensible se han duplicado afectando a más de la mitad de la población. La exposición inadecuada al sol puede producir insolaciones, quemaduras, envejecimiento prematuro de la piel, irritación e incluso alergias. Para evitarlo, se recomienda utilizar protectores solares o fotoprotectores con una calidad y seguridad contrastada.

RADIACIÓN SOLAR

 El verano es, sin duda, la época más propicia para disfrutar del sol y de un buen bronceado durante las vacaciones, como símbolo de belleza, juventud y salud. De hecho, el sol ayuda en la formación de vitamina D y aporta beneficios terapéuticos en diversas enfermedades como la osteoporosis. Sin embargo, las radiaciones solares ultravioleta (UV) son cada vez más dañinas para la piel debido al deterioro de la capa de ozono, pudiendo producir lesiones epidérmicas como eritemas solares, envejecimiento cutáneo, problemas estéticos e incluso, melanoma o cáncer de piel. El grado de estas radiaciones solares, el tipo de piel que las recibe y la protección utilizada son factores que influyen en que cada persona sufra distintos daños en la dermis.

Existen tres tipos de rayos UV:

·         UVA: son los responsables de la pigmentación inmediata de la piel (proceso del bronceado). Penetran menos profundamente en ella, provocan eritemas, enrojecimiento, manchas y envejecimiento cutáneo porque destruyen el colágeno que aporta elasticidad a la piel.

·         UVB: Su radiación posee mayor energía, pero penetra poco en la piel. Sus efectos aparecen a largo plazo y son los causantes de las quemaduras, del incremento del grosor cutáneo y del cáncer de piel.

·         UVC: sus radiaciones son las más agresivas, pero afortunadamente no llegan a traspasar la capa de ozono porque la atmósfera los retiene.