lunes, 10 de enero de 2011

LA FIEBRE

Es uno de los síntomas que más alarma despierta. Es como la certificación de que uno está realmente enfermo. Pero por muy alta que sea, no siempre la fiebre indica que se trata de un proceso grave. Hay que actuar con calma, tomar bien la temperatura y sólo emplear métodos para bajarla en los casos necesarios.

Para funcionar correctamente, el cuerpo humano tiene que mantener una temperatura constante, independientemente de las condiciones climatológicas o ambientales. Ello se consigue gracias a la acción del hipotálamo, donde se encuentra el centro cerebral de regulación de la temperatura corporal. Si el sistema nervioso detecta un exceso de calor en el ambiente, avisa al hipotálamo y éste pone en marcha una serie de mecanismos de compensación (dilatación de los vasos de la piel, sudoración...) para eliminar calor del cuerpo y mantener la temperatura estable. Por el contrario, si hace mucho frío, desencadena todos los procesos para retener el calor (contracción de los vasos sanguíneos superficiales, escalofríos...). Lo más importante es que los órganos vitales como corazón, cerebro... mantengan su temperatura estable.

Una temperatura para cada uno

Sin embargo, no todos “funcionamos” con la misma temperatura. En efecto, la temperatura corporal, dentro de los parámetros normales, varía de una persona a otra y, en cada una, según la edad y el momento del día.
En el recién nacido la temperatura puede ser inestable, aún en ausencia de enfermedad, a causa de la inmadurez del centro regulador y del sistema vasomotor. Después de los primeros meses de vida, se estabiliza y finalmente, desciende en los ancianos.
Pero un individuo sano tampoco tiene la misma temperatura durante todo el día. Generalmente, la temperatura alcanza su mínimo alrededor de las seis de la mañana y su máximo al atardecer, entre las 4 y las 6 de la tarde.
Por ello, sería recomendable que, en condiciones de buena salud, nos tomáramos la temperatura por la mañana, por la tarde y por la noche, para establecer un patrón de referencia con el que compararlo en caso de enfermedad.
Tampoco hay que confundir todo aumento de la temperatura corporal (hipertermia) con la fiebre. Por ejemplo, la actividad física, el llanto, una comida copiosa, la ansiedad... pueden aumentar la temperatura corporal en algunas décimas, sin que exista ninguna enfermedad. Sólo se debería hablar de fiebre, cuando se produce un aumento significativo de la temperatura (1º C o más) y se mantiene durante un periodo más o menos largo.

Un mecanismo de defensa

La fiebre es un mecanismo de nuestro organismo para defenderse de las infecciones y otras enfermedades. Al aumentar la temperatura, se acelera el metabolismo y se pone en funcionamiento todo el sistema de defensa. Además, se crea unas condiciones desfavorables para la proliferación de gérmenes.
Según recientes estudios, el incremento de la temperatura facilita la respuesta inmune, favoreciendo la actividad de los linfocitos B y T (células de defensa) y la producción de interferón y otros inmunomoduladores imprescindibles para luchar contra las enfermedades. Al mismo tiempo, con el aumento de la temperatura se consigue frenar el crecimiento de algunas bacterias y ciertos virus son inactivados.

Tipos de fiebre

Aunque la fiebre es un síntoma inespecífico, es decir que aparece en muchas enfermedades distintas, es importante conocer el tipo de fiebre para orientar el diagnóstico.
Según el tiempo de evolución:
Fiebre de corta duración (menos de dos semanas). Es la más frecuente y generalmente relacionada con procesos infecciosos.
Fiebre de duración intermedia (entre 2 y 3 semanas). Las causas pueden ser diversas, aunque muchas veces se relaciona con procesos inflamatorios.
Fiebre de larga duración (más de 3 semanas). Si no aparecen otros síntomas puede ser complicado hallar su origen.
Según la curva térmica:
Fiebre intermitente: La temperatura evoluciona en picos, es decir hay grandes oscilaciones a lo largo del día, entre fiebre alta y valores normales. Aparece en la gripe, tuberculosis, linfomas...
Fiebre remitente: La temperatura también desciende cada día pero sin llegar a alcanzar los valores normales en ningún momento. La mayoría de las fiebres tienen ese carácter por lo que no es característica específica de ninguna enfermedad.
Fiebre mantenida: la temperatura a penas sufre oscilaciones superiores a 1º C a lo largo de día. Es característica de la fiebre tifoidea
Fiebre recurrente: Se alternan periodos más o menos largos de fiebre y de temperatura normal. Se observa en infecciones urinarias con obstrucción de las vías, paludismo, brucelosis...

Medir bien la temperatura

Para saber si se tiene o no fiebre es preciso medir bien la temperatura. Lo ideal sería poder medir la temperatura corporal central, es decir la de los órganos interiores como el cerebro o el corazón. Obviamente esto sólo se puede hacer en los hospitales a través de catéteres situados en las arterias.
En casa debemos recurrir a otros métodos que aunque son menos exactos, tienen una precisión aceptable. Es importante tomar siempre la temperatura varias veces al día con el mismo tipo de termómetro y con el mismo método.
Hay distintos tipos de medición, cada cual con sus ventajas y sus inconvenientes. Según los casos se escogerá uno u otro:
Axilar:
Se efectúa introduciendo y manteniendo la punta del termómetro digital o de mercurio debajo de la axila, controlando que no toque la ropa.
Ventajas:
- es cómodo
- no invasor
Inconvenientes:
- Requiere varios minutos (5 ó más con los termómetros de mercurio y 1,5-2 con los digitales)
- Requiere la colaboración del paciente, por lo tanto no está indicado en los niños muy pequeños
- Durante las primeras fases de la fiebre (aproximadamente una hora) el organismo reduce las dispersiones de calor para aumentar la temperatura corporal central. Por tanto, la piel en lugar de calentarse se enfría, disfrazando la presencia de fiebre.
Rectal:
Se efectúa introduciendo la punta del termómetro de mercurio o digital en el recto.
Ventajas:
- Apto para niños muy pequeños
- Método fiable
Inconvenientes:
- Requiere algunos minutos (3-4 minutos con los termómetros de mercurio y 1 con los digitales), por lo que puede ser molesto para el niño.
- Se pueden producir lesiones locales
- La diarrea o el estreñimiento pueden influir en el resultado.
- La temperatura rectal puede registrar los cambios de la temperatura central con un retraso significativo (de 1 a 5 horas).
Oral:
Se efectúa poniendo la punta del termómetro de mercurio o digital bajo la lengua.
Ventajas:
- Bastante cómodo y sin particulares molestias.
Inconvenientes:
- Requiere varios minutos (4 con los termómetros de mercurio y 1 con los digitales).
- La ingestión de bebidas, alimentos o el fumar antes de la medición puede influir en el resultado.
- La actividad respiratoria, que se vuelve más frecuente en caso de fiebre, el hablar, el roncar... pueden reducir la temperatura oral y disfrazar la presencia de fiebre.
- Requiere la colaboración del paciente, por lo tanto no es indicada para los niños pequeños.
Auricular:
Se toma en el oído con los termómetros timpánicos de infrarrojos. Para ello se debe tirar levemente de la oreja hacia atrás y hacia arriba e introducir la sonda del termómetro con la específica protección. El termómetro debe estar ligeramente girado para tratar de localizar la zona más profunda del oído, donde la temperatura es más alta y refleja mejor los cambios de la temperatura central.
Ventajas:
- Muy rápido (2-3 segundos)
- Refleja muy bien la temperatura central, ya que el tímpano comparte el mismo flujo sanguíneo del hipotálamo.
- Algunos modelos, sólo reconocen la temperatura timpánica y eliminan la del pabellón auricular, dando mediciones más precisas.
Inconvenientes:
- Requiere cierta práctica
- Una posición incorrecta del termómetro puede dar lecturas más bajas.
- Algunos modelos dan temperaturas más bajas.
- Los tapones de cerumen en la oreja pueden dar lecturas erróneas.
- Por su tamaño, no se puede aplicar en niños muy pequeños.
Frontal:
A través de los termómetros infrarrojos se puede medir la temperatura en la frente.
Ventajas:
- Muy cómodo
- Muy rápido (2-3 segundos).
- No invasor
- Medición bastante precisa, ya que en la zona de la sien y a un nivel muy superficial corre la arteria temporal que lleva sangre del corazón al cerebro
Inconvenientes:
- La temperatura del ambiente exterior o los problemas circulatorios pueden influir en la medición.

Bajar o no bajar la fiebre

Entre los expertos existe una discusión sobre la conveniencia o no de aplicar métodos o administrar fármacos para bajar la fiebre.
Por un lado existe el criterio de que la fiebre es “buena”, ya que promueve la respuesta inmune e inhibe el crecimiento de ciertos microorganismos. Además, facilita el diagnóstico y la valoración de la evolución de la enfermedad y del tratamiento. Asimismo, se cree que temperaturas inferiores a 41º C son inofensivas en la mayoría de los casos.
Por otro, se opina que la fiebre puede dar lugar a malestar, confusión, delirio... También puede exacerbar otras afecciones presentes en el paciente: insuficiencia respiratoria, deshidratación, malnutrición, alteraciones neurológicas... E incluso puede producir daño cerebral si la temperatura sobrepasa los 41º C.
Lo que está claro es que cuando se trata de bebés de menos de 1 año, ancianos, embarazadas o madres lactantes hay que controlar la fiebre y avisar al médico.
Cuando se trata de niños más mayores o de adultos dependerá de la cantidad de fiebre que tenga y de su estado general de salud. Así, un niño que haya tenido convulsiones febriles con anterioridad, debe recibir tratamiento. Del mismo modo, los adultos con enfermedades crónicas, como diabetes, problemas cardiacos o pulmonares... también deben recibir tratamiento antipirético (contra la fiebre).
En la actualidad los fármacos más usados para bajar la fiebre son paracetamol, ibuprofeno y ácido acetil salicílico. Este último está contraindicado en niños por el riesgo de una enfermedad muy rara, pero muy grave, el síndrome de Reye. En caso necesario se pueden alternar los dos primeros en la dosis y pautas que establezca el médico.

¿Cuándo tiene fiebre?

• En la axila se considera temperatura normal hasta 37º C.
• Si se toma en el recto, no se considerará fiebre por debajo de 37,7º C.
• En la boca, es temperatura normal hasta 37,4 º C.
• En el oído, hasta 38º C es una temperatura normal.
• En la frente se considera temperatura normal hasta 37,5º C.

¿Cuánta fiebre tiene?

Aunque la temperatura depende del lugar donde se tome, podemos establecer su mayor o menor gravedad en función de lo que marque el termómetro. (Estos valores se refieren a la temperatura axilar, que es la de referencia).
• Hasta 37,9º C se considera febrícula. Es mejor no tomar ninguna medida y observar la evolución del proceso, así como la presencia de otros síntomas.
• Entre 38 y 38,9º C es fiebre moderada. Dependiendo del criterio del médico se administrarán fármacos antitérmicos o no.
• Entre 39 y 40º C se trata de fiebre alta. Se suele administrar fármacos contra la fiebre y adoptar medidas que ayuden a disipar el calor corporal y se debe acudir al médico.
• Más de 40º C: es mejor no perder tiempo y acudir a un centro de urgencias.

El termómetro ideal

Hasta hace poco, todas las casas tenían el clásico termómetro de mercurio. Debido a su toxicidad, fragilidad y efectos contaminantes y siguiendo las normativas dictadas en la Unión Europea, en el 2004, estos termómetros deben ser retirados del mercado, pese a ser los que realizaban una lectura más fiable. Por ello, debemos ir pensando en adquirir uno de los nuevos tipos de termómetro que se encuentran en la farmacia.

Termómetro digital: Contienen un microprocesador que convierte el calor detectado por una sonda metálica en un valor que se lee en una pequeña pantalla de cristal líquido.
• Ventajas:
Son más veloces que los de mercurio.
No se rompen.
Proporcionan valores fiables.
Tienen un coste económico bajo.
Se pueden colocar en la axila, la boca o el recto.
• Inconvenientes:
No son tan veloces como los infrarrojos
Llevan pilas que si no son recogidas selectivamente pueden ser contaminantes.
Como todos los aparatos electrónicos pueden ser influenciados por las condiciones ambientales.

Termómetros auriculares de infrarrojos:
Por medio de rayos infrarrojos miden el calor emitido por el tímpano y los tejidos circundantes del oído. Un microprocesador convierte este dato en un valor que se lee en una pantallita de cristal líquido.
• Ventajas:
Muy rápidos (2-3 segundos). Lo que los hace ideales para niños.
De fácil lectura.
• Inconvenientes:
Mucho más caros que los digitales.
Se requiere una cierta práctica de empleo.
Sólo se puede colocar en el oído.
No se puede emplear en recién nacidos.

Termómetros frontales de infrarrojos:
Por medio de rayos infrarrojos mide el calor emitido por las sienes y las zonas circundantes de la frente. Un microprocesador convierte este dato en un valor que se lee en una pantalla de cristal líquido.
• Ventajas:
Muy cómodos
Muy rápidos
De fácil lectura
Apto para toda la familia incluyendo a los más pequeños.
• Inconvenientes:
Precio elevado.

Medidas para controlar la fiebre

- Evitar el exceso de ropa de abrigo, mantas... que puedan dificultar la disipación del calor corporal a través de la piel.
- La habitación no debe estar demasiado caliente (por encima de los 20º C). Tampoco sitúe al enfermo cerca de una fuente de calor.
- Utilizar humidificadores si el aire está demasiado seco.
- Limitar la actividad física para evitar un aumento mayor de la temperatura. Pero tampoco el reposo absoluto en cama es recomendable. En especial, hay que evitar que los ancianos se “encamen”.
- Mantener el equilibrio hídrico, favoreciendo una adecuada ingesta de líquidos que compense de la pérdida por evaporación.
- La aplicación de paños humedecidos con agua y los baños de agua templada tienen una eficacia relativa. A pesar de que la temperatura desciende, la mayoría de los pacientes vuelve a los niveles anteriores al cabo de media hora. En ningún caso los baños deberán realizarse con agua fría.
- No aplicar nunca compresas humedecidas en alcohol.
- Consultar con el médico si:
+ el enfermo tiene menos de doce meses
+ la fiebre es muy alta, a pesar del empleo de antitérmicos
+ hay dificultad respiratoria
+ evidente estado de malestar.
+ temperatura moderada que se mantiene durante más de 48 horas.